El Angel de la guarda

Cada vez que me había embarcado en un viaje en solitario, uno de los puntos a resolver diariamente había sido buscar cobijo para pasar la noche. Siempre, menos esta vez, ya que gracias al gran trabajo de la chica que he bautizado como mi «Ángel de la guarda», no he tenido que preocuparme por nada más que pedalear y disfrutar del viaje. Para ella va mi pensamiento hoy. Bueno, hoy lo transformo en palabra escrita, pero en todo momento ella está conmigo, porque además de liderar el proyecto, ejerce de guía, me transmite protección y sensación de amparo y seguridad.

Desde luego no me olvido del magnífico trabajo que hace nuestra contraparte marroquí, que también me está organizando las noches y los dias, y a ellos va mi más profundo agradecimiento.

Pero quien ha hecho posible que yo esté viviendo una de las mejores experiencias de mi vida, quien ha confiado en mi para ser testigo de la Asociación durante más de un mes, es mi ángel de la guarda.

Gracias infinitas a ella para hacer de mi una persona mucho más rica.

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