Casablanca – El cantante de jazz

La ciudad estaba invadida por un tráfico interminable, un tráfico donde se mezclaba el sonido de las motos con los coches, los pitos de las bicicletas con el ruido de los camiones,  el silbido de los tranvías con los gritos de los vendedores ambulantes, hasta el chillido de los burros arrastrando carros cargados de fruta o verdura indagando algún tipo de escapatoria en medio de todo este caos cotidiano.

Al final toda esta mezcla de sonidos provocaba un Jazz desmedido, experimentando una fusión de instrumentos y sinfonías, dejando a la ciudad viviendo una velada inacabada. La gente que sabe componer los sonidos y los ruidos de las grandes urbanizaciones sabe cómo vivir y convivir con ellos. Alcanza a convertir el infierno del día en un ritmo de Jazz parecido a la trompeta irritada de John Contraen.

Esto es lo que vino a contar Humphrey Bogart  al hombre de la bicicleta verde en el nigth club, mientras tomaban dos cervezas casa blanca escuchando a Nass lghiwan tocando en directo. Fue el ambiente de la ciudad quien incitó a Humphrey Bogart a adoptar este lugar ficticio como ciudad inmortal de sus interminables aventuras amorosas. Era la fantasía de la noche y la realidad de un cuento que brindó al hombre de la bicicleta verde, logrando éste no sólo poder charlar con el actor famoso de Casablanca sino bailar con su amante Ingrid Bergman.

La fantasía abrió el camino de la abundancia enfrente del hombre de la bicicleta verde que volaba envuelto en ritmos musicales; detrás de él va la figura mítica de la niña beréber que con su sonrisa ilumina el resto del sendero, el mensaje esta vez fue: El amor y la música serán el motor de tu bicicleta verde hasta la próxima ciudad El Yadida.

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