Souk Larbaa – Ciudad fantasma

El reloj señalaba las 12 del mediodía cuando llegaba el hombre de la bicicleta verde a la ciudad de Souk Larbaa. Brotaba un sol colosal que traía un calor desértico y asador, no podías ver ningún alma en la calle, sólo perros en busca de agua y sombra.

Soplaba un viento cálido que levantaba el polvo del suelo árido molestando a los caballos atados a palos de madera torcidos que estaban a la espera de los dueños en los portales de los bares austeros. De vez en cuando sacudían su cola perezosamente quitándose  las molestias de las moscas gordas, se oían sólo los chirridos de las puertas cerrándose y abriéndose junto con el silbido del viento.

En medio de la plaza de la ciudad había carros sin dueños y montañas de paja amarilla, pareciendo una ciudad fantasma. Aunque los alrededores eran verdes llenos de cultivos agrícolas que nutrían a todo el país.

El hombre de la bicicleta verde giraba con sus ojos observando el paisaje, había unas palmeras al lado del gran hotel; se dirigió rápidamente para tumbarse debajo de su sombra.

Imaginaba que del cielo llovía un maná fresquito a cántaros mientras un viento suave y fresco acariciaba su frente sudada que brillaba  bajo los rayos del sol, cabeceaba un poco y al despertarse se quedó asombrado.

La ciudad se transformó. Había gente por todos lados, la gran mayoría eran extranjeros, sobre todo europeos y judíos disfrazados con vestidos de los años 30, algunos estaban paseando  por la plaza grande de la ciudad, cruzando las calles de un lado a otro, otros vendiendo y comprando, parejas besándose y viejos bailando el doble paso en medio de la plaza mientras los carros cruzaban en direcciones diferentes. Parecía aquello un escenario de una película histórica.

Era la población de los años 30 que vivía en la ciudad cuando era colonia francesa, que no murió, y se transformó en siluetas dando color a la ciudad, que sólo los pueden ver los forasteros ficticios.

Entre toda esa gente encontró un niño que se parecía al de sus cuentos, se cruzaron las miradas con una ternura inmensa y como si de un gato se tratase desapareció entre la multitud. Fue así como el hombre de la bicicleta milagrosa viajó esta vez en el tiempo para conocer la historia de esta bonita ciudad.

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